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Pensar la relación México-Canadá

Olga Abizaid

Durante más de un año la relación con México ha sido cuestionada en influyentes círculos dentro de Canadá, en los que se le responsabiliza a ese país por las crecientes medidas de seguridad que el gobierno de Estados Unidos está implementando a lo largo de la frontera con Canadá. Como evidencia de ello se han subrayado los problemas que viene enfrentando México en materia de seguridad pública en el contexto de la guerra contra las drogas y en particular en la frontera con Estados Unidos. La recomendación: trazar una línea limítrofe en el Río Bravo que separe a México del espacio que comenzamos a llamar Norteamérica. Si estos comentarios comenzaban a causar preocupación en México, la decisión del gobierno de Canadá de imponer un requisito de visado para los mexicanos el verano pasado ha sido interpretada por algunos como muestra fehaciente del deterioro del valor estratégico que se le da a la relación con México.

La realidad, no obstante, dista de ser así; es mucho más compleja. Sin embargo estos argumentos nos permiten examinar la relación bilateral con México, y en este ejercicio valorar el porqué esta relación es importante para Canadá.

Hasta ahora, la importancia de la relación México-Canadá se ha definido por la interrelación que existe entre las dinámicas regionales en América del Norte por una parte y la relación bilateral entre estos dos países por otra. Los intercambios que se dan en el ámbito económico, político y de la seguridad se miran siempre a través de esa dicotomía.

Pensar en la relación con México es pensar en un socio comercial. Hoy por hoy, gracias al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), México es uno de los principales socios comerciales de Canadá —precedido sólo por Estados Unidos, China, Japón y el Reino Unido— y es pieza clave en las estrategias de producción global de varias empresas internacionales, incluidas las canadienses, y lo será aún más conforme los precios del transporte se encarezcan. Sería entonces un error grave el pensar que la relación comercial de Canadá con Estados Unidos tiene lugar exclusivamente en el paralelo 49 y hacer recomendaciones bajo esa premisa; para muchas empresas canadienses, el acceso al mercado estadounidense se da también en la frontera de ese país con México.

Pensar la relación México-Canadá demanda también el reconocimiento de los cambios que han tenido lugar en México, los cuales han facilitado un acercamiento entre estos dos países y sentado las bases para una agenda política fuerte tendiente al fortalecimiento de instituciones en un amplio abanico de temas que abarca, entre otros, procesos electorales, federalismo, acceso a la información, modernización del servicio público y derechos humanos; el de más reciente inclusión ha sido el tema de seguridad, en el que se están abordando temas tan diversos como el fortalecimiento del sistema judicial, la capacitación y profesionalización de cuerpos policíacos a nivel federal y la cooperación para enfrentar al crimen organizado. México es hoy un socio político con el que compartimos visiones del mundo similares. Los intercambios a nivel político y en materia de seguridad, a su vez, se enmarcan dentro de esfuerzos regionales, tanto bilaterales como los esquemas de cooperación con Estados Unidos, así como en el contexto de la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN). Si eso fuera poco, se espera que algunas de las iniciativas que se están llevando a cabo en el área de seguridad se vean beneficiadas por el Programa para Capacitación Anti-Crimen para las Américas lanzado por el Primer Ministro de Canadá Stephen Harper en Guadalajara el verano pasado.

Pensar la relación bilateral y la forma en la que ésta se inserta en Norteamérica es prerrequisito también para entender, por un lado, que en esta región existe un nivel de interdependencia más grande del que se reconoce y que ello requiere respuestas adecuadas y coordinadas. El mejor ejemplo de que esto es posible cuando existe voluntad fue el manejo de la crisis provocada por la pandemia del virus H1N1 en el 2009.

Finalmente, si realmente estamos dispuestos a mirar el potencial de la relación, valdría la pena decir que muchos de los intercambios que actualmente se están llevando a cabo al interior de la agenda bilateral pueden coadyuvar a la materialización de una idea que ha estado en el tintero desde hace mucho tiempo: la cooperación entre México y Canadá en América latina.

¿Podemos entonces pensar la relación con México de otra manera? blue square

Olga Abizaid es Directora del Foro de Investigación sobre América del Norte y puede ser contactada por correo electrónico en: oabizaid@focal.ca.


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