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Una mano de obra barata: los trabajadores agrícolas temporales en Québec

Mayra Roffe Gutman y Annie Lapalme

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Photo: Hubert Hayaud
Un migrante agrícola temporal trabaja en el mercado Jean-Talon, Montréal, octubre de 2009.

Nueve de cada 10 quebequenses prefieren consumir alimentos locales, anunció una encuesta publicada por el organismo Equiterre en diciembre del 2009. Basta pasearse en alguno de los atiborrados mercados montrealeses para ver que son muchos los consumidores que, en efecto, eligen productos locales. Desde luego, las frutas y verduras, tanto como el amable granjero que nos las ofrece, crecieron en suelo quebequense pero hoy vemos junto a ellos, bajando las cajas de los camiones o acomodando la mercancía, unos de los miles de trabajadores agrícolas temporales que vinieron desde México y Guatemala a trabajar la tierra canadiense y que regresarán a sus países de origen una vez finalizadas las cosechas. Y si consumir local no nos cuesta hoy más que algunos dólares extra es en parte gracias a esta mano de obra barata y no tan local.

El programa de importación de mano de obra agrícola proveniente de México a Canadá fue instituido en 1974, como una extensión al Programa de Trabajadores Agrícolas Temporales (SAWP por sus siglas en inglés) que desde 1966 coordina la contratación de trabajadores temporales provenientes de Jamaica. Casi 30 años más tarde, en 2003, la provincia de Quebec comenzó a recibir trabajadores provenientes de Guatemala en el marco del Programa de Trabajadores Extranjeros Temporales (TFWP por sus siglas en inglés). 

A diferencia del mexicano, el programa que permite venir a los guatemaltecos no fue negociado de manera bilateral entre los Estados en cuestión sino entre la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y FERME (una organización sin fines de lucro que representa a los empleadores de Quebec); asi éste comporta algunas diferencias importantes. Mientras que, en México, son las instituciones de Estado que se ocupan de seleccionar a los trabajadores, las empresas canadienses pueden ir ellas mismas a reclutar empleados a Guatemala, reduciendo así las posibilidades de regular y proteger a los trabajadores. Por otra parte, los guatemaltecos están obligados a pagar por su alojamiento, mientras que los mexicanos están exentos de esta cuota. Finalmente, un trabajador guatemalteco que es expulsado de una granja no tendrá la oportunidad de regresar a Canadá en el marco del programa, mientras que un mexicano tendrá la posibilidad de solicitar su readmisión al año siguiente.

Si comparamos la situación de los primeros inmigrantes agrícolas que vinieron a Canadá desde Europa del Este en las décadas 1950-1960 y que pudieron solicitar la residencia permanente después de algunos años, con la de los mexicanos y, aun más, de los guatemaltecos de hoy, no es difícil detectar una tendencia hacia la flexibilización y la precarización del empleo. No hay que olvidar tampoco que la creación del TFPW para Guatemala coincide con la intensificación de las tentativas de sindicalización y reivindicación de derechos laborales de los mexicanos en Quebec. Por primera vez en 2009, esta provincia recibió más trabajadores guatemaltecos que mexicanos y comenzará a recibir nicaragüenses a partir de 2011. ¿Que país, más empobrecido que los anteriores, será el siguiente en la lista para reclutar a trabajadores cada vez más vulnerables?

Las granjas canadienses que contratan trabajadores agrícolas temporales pueden elegir de entre un océano casi inagotable de candidatos. Se vuelve difícil negociar las condiciones de trabajo cuando siempre hay alguien dispuesto a trabajar cada vez más y ganar cada vez menos; el pago, aunque reducido, sigue siendo mucho más de lo que uno de estos trabajadores podría ganar en su país de origen. También hay que subrayar que la visa que permite la entrada de los trabajadores agrícolas guatemaltecos a Canadá está ligada a su contrato de trabajo. Cuando la situación del trabajador es problemática, el procedimiento es simple y expedito: el granjero despide al trabajador y el trabajador es repatriado en un máximo de 72 horas. El trabajador puede protestar si así lo desea, pues cuenta con un contrato y un permiso de trabajo, pero ¿con qué voz? ¿en qué idioma? ¿cómo protestar si no se tiene la posibilidad de exigir un arbitraje imparcial antes de ser repatriado? La estrategia consiste entonces en evitar a toda costa el posible despido, a veces aceptando incluso de trabajar en condiciones indignas o peligrosas, ocultando una enfermedad y evitando expresar cualquier tipo de descontento.

En noviembre terminan las cosechas. Alrededor de 7,000 trabajadores agrícolas temporales que vinieron a Quebec este año están regresando a sus países de origen pues aquí ya no son necesarios. Al final de esta temporada los trabajadores habrán ganado por lo menos dos batallas importantes. Las autoridades del consulado guatemalteco anunciaron en julio pasado la eliminación del depósito que obligaba a los trabajadores provenientes de este país a dejar una fianza de alrededor de 400 dólares canadienses como condición para participar en el programa. Unos meses antes, la comisión de normas de trabajo de la provincia de Quebec declaró como inconstitucional una disposición del código del trabajo que impedía la sindicalización de granjas en las que no hay, por lo menos, un empleado durante todo el año. Sin duda, se trata de avances significativos pero, ¿es posible hablar de un verdadero acceso a la sindicalización cuando el riesgo de perder el empleo (y en consecuencia la única fuente de ingresos para toda una familia) es tan elevado? La Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de Todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares de 1990 garantiza el derecho a un proceso jurídico imparcial previo a la deportación de un trabajador migrante. A pesar de promover sus programas de empleo temporal como un modelo internacional, Canadá aún no ha firmado esta convención. Para que el camino hacia la sindicalización sea realmente viable es indispensable asegurarse de que los empleadores no puedan utilizar el despido como una manera de disuadir a sus empleados de unirse al sindicato.

A partir del 2008 y por primera vez en la historia del país, el número de trabajadores temporales fue mayor que el de los residentes permanentes aceptados en Canadá. Esta inversión no tiene nada de singular; obedece a una tendencia cada vez más generalizada en los países occidentales. Rentable para los países del Norte que satisfacen las necesidades de mano de obra a un costo mínimo en términos de protección social, seductor para el Sur que convierte flujos migratorios irregulares en otros más regulares y que asegura las preciosas remesas, es muy probable que la migración de nuestro siglo esté marcada por el signo de la temporalidad.

Mayra Roffe Gutman es candidata a un doctorado en sociología y Annie Lapalme es candidata a una maestría en geografía por la Université de Montréal. Ambas trabajan como agentes de investigación para la Cátedra de Estudios sobre México Contemporáneo del Centro de Estudios e Investigaciones Internacionales de la Université de Montréal (CERIUM) y se interesan en las condiciones de trabajo de los migrantes agrícolas temporales.


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