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Venezuela: La Violencia y el Efecto “Crowding-out” de Género

Natasha Morales E.

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Foto: Meridith Kohut
Familia y amigos velan la muerte de Yanil Alexander Cemeño Figuera en su funeral en Caracas, Venezuela. Cermeño fue fatalmente disparado en Petare, y fue el cuarto hijo de su familia en ser asesinado.

Cada semana en Caracas mueren entre 70 y 200 personas por actos violentos. Según datos oficiales de 2009, se estima que la tasa de homicidios en Venezuela es de aproximadamente 100 por cada 100,000 habitantes, siendo una de las tasas más elevadas de América Latina y del Caribe. El costo social no se divide por igual entre hombres y mujeres y su impacto en términos económicos se origina ampliamente en las relaciones de género y en el bono demográfico.

Sin embargo, otros índices de desarrollo son alentadores. Según el Informe Nacional de Venezuela sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio 2010, la desigualdad de ingresos ha disminuido considerablemente entre 1994 y 2009. Si bien existen muchas discrepancias en cuanto las estimaciones de la pobreza, los datos oficiales muestran una tendencia decreciente en los últimos 10 años. 

¿Cómo se explica esta paradoja?, ¿puede un país tener resultados exitosos en materia social cuando la violencia impera en la sociedad? Los estudios que han tratado de explicar la relación entre pobreza y violencia no han encontrado evidencia que una disminución de la pobreza reduzca sistemáticamente los niveles de violencia. Pero sí se ha encontrado evidencia en la correlación entre la edad promedio de la población y la violencia.

Más de la mitad de la población venezolana —56 por ciento, según el Instituto Nacional de Estadística — tiene menos de 30 años, y el grupo más grande de la población se encuentra entre cero y 15 años, es decir, Venezuela seguirá siendo joven por lo menos durante dos décadas más. Según el Mapa de Violencia de Julio J. Waiselfisz presentado en 2008, la mayoría de las víctimas y victimarios del país son jóvenes varones entre 15 y 30 años, y el número de víctimas es tres veces mayor en la población joven masculina que en el resto de la población. En este grupo de edad, el 16 por ciento de los jóvenes varones no estudia ni trabaja; este porcentaje es el más alto de la región. ¿A qué se dedican los jóvenes? 

Dado el crecimiento demográfico y las características actuales de su estructura demográfica y del mercado laboral se puede pensar que la violencia urbana va a seguir incrementándose al mismo ritmo que el crecimiento de la población, siempre y cuando no se tomen medidas urgentes. 

En 2009, hubo aproximadamente 50,000 heridos de bala, en su mayoría hombres jóvenes, donde más de la mitad quedaron discapacitados. ¿Quién se hace responsable del cuidado de estas personas? Las madres, hermanas, esposas, hijas, tías, en sí, las mujeres. 

Así, en una sociedad androcéntrica donde se valora la competitividad y la agresividad masculina, el problema de la violencia sobrecarga y profundiza el tiempo de las mujeres en actividades de cuidado familiar que, por un lado, pueden llegar a sustituir sus actividades laborales remuneradas y, por otro lado, sustituyen el rol del Estado en su responsabilidad frente al reconocimiento y la acción de la violencia urbana como un problema de salud pública.

Por otro lado, investigaciones del Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM) de 2004 han encontrado evidencia que en países violentos la violencia doméstica es mayor y, viceversa. Las políticas públicas en la esfera privada son más difíciles de abordar, en una cultura machista las denuncias sobre violencia intrafamiliar son todavía tabúes, lo cual no permite tener una figura real sobre la magnitud del problema. A pesar de esto, se estima que seis de cada 10 mujeres venezolanas sufren algún tipo de violencia doméstica. 

La violencia contra la mujer tiene consecuencias perversas en toda la sociedad. Varios estudios han demostrado que las mujeres víctimas de violencia tenían un mayor número de partos no deseados y de hijos muertos. También la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) ha producido evidencia en 2008 sobre el bajo peso al nacer, los partos prematuros y los abortos en estos casos de mujeres víctimas. Según el Fondo de Población de las Naciones Unidas, Venezuela es el país con más embarazos adolescentes en la región, pero lo más preocupante aún es que entre 1990 y 2007 el porcentaje de embarazos en adolescentes ha aumentado en cuatro puntos. ¿Es la violencia urbana uno de los factores que incrementa el número de embarazos adolescentes?

Esta tendencia, está exacerbando el llamado “madresolterismo” o “madreviudismo”, en cuyo marco los varones no se responsabilizan por los hijos que procrean con mujeres adolescentes o simplemente fallecen a muy temprana edad. Esto aumenta la presión económica y de cuidado de los progenitores de las adolescentes, presionando todavía mucho más el ingreso de sus hogares. 

En sí, la pérdida de vidas de miles de jóvenes venezolanos no solamente resulta en un detrimento de fuerza laboral joven, sino también tiene consecuencias perversas en el empobrecimiento de las mujeres. 

En base a cálculos de las encuestas de hogares, entre 1994 y 2007, la proporción de mujeres adolescentes (entre 13 y 19 años de edad) en hogares pobres ha aumentado en ocho por ciento; esto no ocurre con el resto de la población. Mientras el país en su conjunto muestra tendencias de reducción de la pobreza, las mujeres jóvenes se están empobreciendo.  

Venezuela actualmente cuenta con una instancia gubernamental rectora de políticas para la equidad de género elevada al máximo nivel, el Ministerio del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad de Género. Venezuela también asumió todos los compromisos internacionales para lograr la equidad de género. Esto muestra la voluntad política por avanzar en la equidad de género. 

Sin embargo, la ineficiencia estatal para frenar el problema de la violencia urbana, así como la ausencia de políticas efectivas dirigidas hacia los jóvenes, podrían estar ampliando la brecha de equidad generando un efecto “crowding-out” de género, especialmente en las mujeres jóvenes y adolescentes, entendiendo que los esfuerzos de inversión social dirigidos hacia las mujeres y hacia los jóvenes se ven expulsados o reducidos al mínimo por el impacto que la violencia urbana tiene en la vida de las mujeres.

Natasha Morales E. tiene más de siete años de experiencia en programas y políticas sociales en América Latina, con especial énfasis en género y en derechos humanos. Trabajó para el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM) y para el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Actualmente es consultora internacional del Banco Interamericano de Desarrollo. La autora puede ser contactada en natasha.morales.e@gmail.com.


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